Jabalíes al volante

Jabalíes al volante

Juan Antonio Sarasketa

Posiblemente a alguno que no sea cazador y lea este post le costará admitir que corzos y jabalíes van a ser un serio problema tanto para las cosechas como, sobre todo, para los automovilistas que circulan de noche. De hecho ya lo están siendo en muchas zonas y a nada que las capturas no logren rebajar las poblaciones, en muy pocos años los cazadores van a ser más solicitados que los votos que necesita Rajoy para aprobar los presupuestos.

Y es que la cifra de capturas de jabalíes ronda ya los 300.000 ejemplares y las poblaciones siguen creciendo para alegría de unos animalistas que argumentan que habría que esterilizar a las hembras y no cazarlas. ¡Así como suena y se quedan tan felices! ¿Se puede decir mayor disparate? ¡Oiga, que los jabalíes no son ovejas ni nada que se les parezca!

Haría falta un ejército dedicado en cuerpo y alma durante años y con toda clase de artilugios para solucionar el problema ¿Se imaginan la escena, los veterinarios operando a destajo a cientos de miles de jabalinas para que no puedan procrear? No se le ocurre ni al que asó la manteca.

¿No será mejor aleccionar y considerar un poco más a los cazadores en vez de perseguirlos un día sí y otro también, como si fueran delincuentes potenciales?

Recuerdo que el primer artículo que escribí hace 26 años se titulaba Euskadi, futuro paraíso de corzos. Pues bien, algunos poco menos me trataran de insensato porque en la CAV por aquel entonces no había una docena de corzos. Curiosamente, ahora empiezan a ser un problema que va a más porque las capturas de machos y hembras difícilmente controlan las poblaciones.

Es pues más que nunca el momento de cansar la cabeza y acertar con la gestión adecuada. Cuenten con los cazadores, gánenselos en vez de perseguirlos, no es difícil y se sorprenderán del apoyo que van a recibir. En la Naturaleza no valen las memeces de estos nuevos Mesías que no saben por donde les pega el viento y son incapaces de distinguir a 50 metros una cabra de un corzo.

Se trata simplemente de retirar la renta del patrimonio faunístico antes de que los accidentes generen muertes y el personal empiece a pedir responsabilidades, que lo hará.

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