Escudero

Escudero

Juan Antonio Sarasketa. Presidente de ADECAP y presidente de Honor de la ONC

Sin lugar a dudas por estas fechas el protagonista principal de la especies mayores es el jabalí. Un animal que ha colonizado toda la península y que para meterle en vereda los cazadores deben llevar a la práctica sus mejores artes.

Decía D. Antonio, veterinario de un pequeño pueblo burgalés que al cerdo había poco menos que subirle a los altares “es tan bueno que de él absolutamente todo se aprovecha en los fogones”. ¿Qué verdad?. “Hasta las ideas son excelentes”, apuntaba el cura párroco que se acompañaba de un cerdo para cazar codornices por los linderos y poyos de las rastrojeras. ¡Ahí es nada! Un cura con la sotana remangada en la cintura, boina castellana, escopeta en ristre y un cerdo abriendo el camino. Tela para una buena portada.

Pues eso, que si el cerdo se las trae excuso decirles su primo hermano el jabalí. Cómo serán de listos que cuando alcanza los 8-10 años (solitarios) se acompañan de un jabalí joven llamado escudero al que mandan por delante para que vaya avisándole los peligros que le acechan. Algo así como lo que se suele hacer cuando en una cena le da un poco al tarro y manda por delante el coche del abstemio del grupo para que le avise por el móvil si hay algún control de alcoholemia. A estos “arregla entuertos cinegéticos” los cazadores les denominan también “escuderos”. Raramente “el solitario” se decide a entrar en una zona sospechosa si el escudero no lleva cierto tiempo en ella.

Esto normalmente se manifiesta en las esperas, porque en batida cuando los perros les aprietan cada cual rompe por donde puede para salvar el pellejo. Este convenio de colaboración les viene bien a ambos. El joven se ve protegido por el solitario en sus luchas con los de su edad y este es fácil que se libre de algún que otro balazo de algún inexperto e impaciente cazador. En una espera he llegado a ver a la orilla del monte a un jabalí grande más de media hora, quieto como una estatua, mientras el escudero merodeaba por los campos próximos en busca de comida.

Aun así, y no contento con la tranquilidad que impere en la zona, suelen dar un rodeo muy amplio para detectar la posible presencia de algún extraño. Tanto es así que antes de salir a una zona limpia suelen arrancar 15 ó 20 metros paralelo al monte. Luego se mantiene quieto y atento para detectar cualquier movimiento que haya podido ocasionar su presencia en la zona. Pura estrategia. Para que luego algún torpe les llame despectivamente marranos o cochinos. ¡Que barbaridad!

Si es que estamos hablando de uno de los animales más inteligentes de la fauna ibérica. Al extremo que se domestican fácil si se les captura de jóvenes y son castrados. De hecho no hay animal domestico más despierto que él. Se han dado casos de acompañar a sus dueños cuando salen a cazar, como si de un perro de caza se tratara.

Tienen, incluso, la facultad de ser unos excelentes conductores de ganado de cerda durante la época de montanera. Nadie como ellos harán que el grupo se mantenga rollizo por mucho que el rebaño sea conducido por un experto pastor. Pobre de aquel que intente arrebatarle un solo cerdo de la manada.

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